Polla gigante sorprende a la gata en la cama
Ese viernes por la noche, mientras me acomodaba en la cama, no imaginaba que mi polla iba a descubrir algo que cambiaría todo. Mi chica, que siempre se mostraba tímida, de pronto me empujó contra el colchón con una mirada que nunca le había visto. Sus manos ávidas se cerraron en torno a mi verga, ya dura, y en vez de chuparme como solía, se sentó sobre mí de un salto, empalándose entera de golpe. Sentí cómo su coño mojado, apretado como un puño, me envolvía hasta las pelotas, mientras ella gemía como nunca, arqueando la espalda. Mis manos se clavaron en sus tetas, estrujándolas mientras ella rebotaba sobre mí, cada vez más rápido, hasta que gritó que iba a venirse. Yo la volteé de espaldas y le metí a lo bestia, embistiéndola contra el cabecero, hasta que sus muslos temblaron y su coño aprieto mi polla como si no quisiera soltarla. Cuando me corrí dentro, ella susurró algo que me dejó helado: 'Nunca había sentido una verga tan grande'. La próxima vez, voy a descubrir qué más le gusta que no me ha dicho.