Repartidor ve a travesti masturbándose sola
El repartidor llegó a la puerta con una sonrisa pícara cuando la vio apoyada contra la pared con las piernas bien abiertas, los pechos enormes rebotando mientras se masajeaba el coño con dedos ágiles y la otra mano apretando su gruesa verga de travesti. El tipo no pudo evitar clavar la mirada en ese cuerpo de mujerona, con curvas de escándalo y una polla que parecía sacada de una película porno, dura como el acero y brillando con gotitas de pre-semen. Sin pensarlo dos veces, dejó caer la mochila al suelo y se abalanzó sobre ella, sintiendo cómo los pechos blandos del travesti le rozaban el pecho mientras le agarraba el culo prieto para pegarlo a su cuerpo. Ella soltó un gemido gutural al sentir los dedos del repartidor hundirse entre sus nalgas, buscando ese culo virgen que tanto le atraía, mientras él le susurraba al oído lo puta que era y lo mucho que quería empalmarla con su verga. La travesti, con voz ronca de tanto gritar en sus shows, le ordenó que la penetrara por detrás, así que el tipo la volteó de un empujón, le bajó el tanga de encaje que apenas tapaba su coño chorreante y le clavó la polla hasta el fondo. Los gemidos se volvieron ensordecedores, mezclados con el sonido húmedo de cada embestida profunda, mientras el repartidor le agarraba las tetas duras y se las apretaba con desesperación. Ella, con los ojos en blanco y los labios entreabiertos, le ordenó que le metiera los dedos en la boca para que chupara su propio sabor salado, mientras él le llenaba el culo de lefa espesa sin dejar de empalarla. La travesti se corrió gritando como una loca, con el coño empapado y las piernas temblorosas, mientras el repartidor no se detenía ni un segundo, descargando toda su leche caliente dentro de ese culo que lo volvía loco. Cuando por fin se separaron, ella se limpió el semen de la cara con la mano y le sonrió, pidiéndole que la volviera a buscar al día siguiente porque esta vez no sería solo un polvo rápido en el portal.