Rosa Vermelha mostrando la polla más grande en su coño
En ese bar oscuro, Rosa Vermelha se muerde los labios mientras siente cómo él la domina con una mano en el cuello y la otra abriendo sus muslos de par en par. Ella ya está mojada antes de que él ordene, "Chupa mi polla, puta", y ella obedece, metiéndosela hasta la garganta mientras gimotea. Él no tiene piedad, agarrándole el cabello y follándole la boca hasta que le saltan las lágrimas. Cuando la tira al suelo, ella sabe que viene lo peor: la polla monstruosa que la va a destrozar. Él se la clava de una estocada, empotrándola contra el piso mientras ella aúlla, "¡Dios, qué grande!", pero él solo gruñe, "Cállate y aguantala". Cada embestida le quita el aliento, el coño le arde y el culo está tan apretado que él tiene que usarla de todos lados. Rosa jadea, "Por favor, déjame correrme", pero él solo sonríe y sigue follándola como a una perra obediente. Cuando por fin la llena de leche, ella piensa que nunca volverá a caminar igual.