Rossa vaxx recibe seis pollones en su coño a gritos
Desde que abrió la puerta con ese vestido ajustado que le marcaba hasta el último lunar, él supo que esa noche no iba a dormir. La morena de curvas explosivas se contoneaba frente al regalo de cumpleaños como si supiera que la iba a partir en dos sin piedad, mordiéndose el labio inferior mientras le susurraba al oído que le encantaba que le metieran bien hondo. Primero le clavó la verga bien tiesita contra el vientre, sintiendo cómo su coño ya chorreaba de lo mojada que estaba, y antes de que pudiera pedirle más, él la agarró del pelo y la empujó contra la pared del corredor, arrancándole un gemido ronco al sentir la punta abriéndole el coño palpitante. Sin darle tiempo a recuperarse, la levantó en volandas con una mano en su culo prieto y la empaló contra su polla gruesa, que le llegó hasta el útero en la primera estocada, haciendo que sus tetas rebotaran con cada embestida y que sus gritos llenaran la casa de obscenidad. No contento con eso, la giró de golpe y la dobló sobre el sofá, metiéndole la lengua en la boca mientras le metía dos dedos en el coño para estimularle el clítoris hinchado, que no paraba de latir. Ella, entre jadeos y maldiciones, le suplicó que no se detuviera, que la fuera a dejar más abierta que un coño de puta recién follada, y él, con una sonrisa perversa, le soltó que esos seis pollones que le había traído eran solo el principio. La primera corrida le llegó cuando él le mordió el cuello y le clavó la verga hasta el fondo, sintiendo cómo su leche caliente le inundaba las entrañas mientras ella se corría gritando su nombre con voz de loca, pero él no se detuvo ahí: la sacó a medias, le escupió en la raja para lubricarla y se la clavó de nuevo con más fuerza, partiéndola en canal mientras sus muslos se cubrían de un flujo espeso y baboso. Cuando por fin la dejó caer sobre la alfombra, sudorosa y con las piernas temblorosas, él se limpió el sudor de la frente y le susurró al oído que, si quería más, solo tenía que pedírselo, porque su coño ya estaba listo para otra ronda de pollones que la dejaran más abierta que nunca.