Rubia ardiente se traga mi leche negra con culito al aire
La rubia de curvas suaves llegó a la fiesta con su vestido ajustado que dejaba poco a la imaginación y no paraba de mirarle el bulto a mi negra polla mientras se reía con sus amigas. No pasó ni media hora antes de que sus bragas blancas estuvieran empapadas y su coño rosita ya le ardía de ganas por probar algo más grande y oscuro que lo que su novio blanco le daba. Me la llevé al baño, le arranqué el tanga de encaje y la puse a cuatro patas sobre el lavabo, sintiendo cómo su culo redondo temblaba de expectación mientras su coño chorreante goteaba sobre mis pelotas. Ella no pudo contenerse y se dejó caer de rodillas, abriendo sus labios carnosos alrededor de mi verga gruesa para chuparme con desesperación, gemidos ahogados escapando entre cada lengüetazo húmedo que le hacía temblar las mejillas. Levanté su culo prieto y la empalé de golpe contra la pared, sintiendo cómo su coño estrecho se ajustaba a mi grosor mientras su ano se relajaba para recibirme sin prisa, pero con ganas de que le reventara por dentro. Cada embestida le arrancaba un gritito agudo, su piel pálida se sonrojaba de placer y su culo se movía al ritmo de mis empujones, dejando escapar un pedo jugoso que me mojó las pelotas y me excitó aún más. La giré de espaldas, le abrí las nalgas con mis manos y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su vientre flaquito se contraía con cada estocada mientras su coño se inundaba de jugos calientes. Ella no pudo más y se corrió con un aullido, su cuerpo temblando como gelatina mientras su culo se apretaba alrededor de mi verga, succionándome hasta el fondo. Me sacudí dentro de ella y le llené la boca de leche espesa, obligándola a tragar cada gota mientras sus ojos lagrimeaban y su lengua jugaba con la cabeza de mi negro tronco. Cuando terminé, la dejé caer sobre el suelo frío, sudorosa y satisfecha, con su coño abierto escurriéndose sobre el mármol y su aliento entrecortado pidiendo más.