Secretarias se corrieron bien fuerte en la oficina
Las jodidas no vinieron a firmar papeles ni a tomar café, llegaron con la intención de dejar el culo bien marcado en el escritorio de roble. La más atrevida, con las tetas casi saltando fuera de la blusa ajustada, se sentó encima del jefe sin pedir permiso mientras las otras tres se agolpaban para ver cómo le clavaba la polla hasta el fondo de su coño empapado. Él ni siquiera tuvo tiempo de quitarse el cinturón antes de que ella empezara a cabalgarlo con gemidos que resonaban en toda la planta, los tacones golpeando el piso al ritmo de cada embestida profunda. Una de las otras, con las bragas ya hechas un trapo, se le acercó por detrás para lamerle los huevos mientras le susurraban al oído lo puta que era capaz de ser. La tercera no se quedó atrás y le abrió la boca de par en par para que la chupara con fuerza, el sabor del pre-semen mezclándose con el de su saliva mientras las tetas le rebotaban delante de la cara. Entre gritos, sudor y el olor a sexo que inundaba el aire, los cuatro se corrieron en menos de veinte minutos, los chorros blancos manchando el suelo, los muebles y hasta la cara de la más lanzada que no paraba de reírse mientras se limpiaba con la corbata del jefe. Las tetas le temblaban cada vez que él le embestía desde abajo, el coño le ardía de tanto follar sin parar y las piernas le temblaban como gelatina, pero a ella no le importaba seguir recibiendo hasta que su verga no aguantara ni un segundo más. Cuando por fin eyaculó dentro de ella con un gruñido animalesco, las otras tres se acercaron a lamerle los restos del semen que le resbalaban por los muslos, chupando cada gota como si fuera néctar mientras sus gemidos se convertían en suspiros de satisfacción. La oficina quedó hecha un desastre, los papeles volando, el perfume barato mezclado con el sudor y el olor a sexo fresco, pero a nadie le importó porque al final del día lo único que importaba era que todas quedaron bien satisfechas, con las medias rotas, las prendas interiores inservibles y los labios hinchados de tanto follar sin control.