Sesión lésbica de yoga se convierte en un feroz combate de lenguas
El aroma a incienso y sudor se mezclaba en el aire cuando Tana Lea, con su cuerpo tatuado y sus tetas grandes al descubierto, me ordenó arquear la espalda más de lo necesario. La sesión lésbica de yoga había empezado como cualquier otra, pero sus manos no se conformaron con ajustar mi postura. Sus dedos se deslizaron entre mis piernas, sintiendo lo mojada que estaba mi coño antes de que sus labios se cerraran sobre mi clítoris. 'No te muevas, perra', susurró mientras su lengua trazaba círculos lentos que me hacían temblar. La sesión lésbica de yoga se volvió un juego de sumisión cuando me obligó a lamer su coño depilado, con sus muslos apretando mi cabeza hasta que casi no podía respirar. Sus gemidos se volvieron órdenes: 'Chupa más fuerte, zorra'. En más de 10 minutos de escena, alternamos entre lamidas profundas y dedos hundidos hasta el cuello del útero, hasta que sus uñas se clavaron en mi culo mientras yo gritaba su nombre. Al final, fue ella quien se corrió primero, con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, pero no sin antes escupirme en la cara como recordatorio de quién mandaba.