Tina me ayudó a aliviar mi erección y no pudo parar
El sonido de sus tacones resonaba en el pasillo cuando entró a mi habitación, y su perfume dulce me volvió loco antes de que siquiera abriera la boca. Sabía que esto estaba mal, que era mi hermanastra, pero mi polla ya estaba dura como una roca y no podía pensar en otra cosa que en hundirme en su coño apretado. Tina se mordió el labio al verme, sus ojos brillaban con esa mezcla de culpa y deseo que me encendía más. Sin decir nada, se arrodilló frente a mí y empezó a chuparme la verga con esa boca caliente, sus dedos jugueteando con mis pelotas mientras gemía. Yo le agarraba el pelo, empujando su cabeza hacia abajo hasta que mi polla le rozó la garganta, sintiendo cómo se ahogaba un poco pero seguía tragando. La levanté y la tiré sobre la cama, le arranqué el short y vi su coño mojado brillando, listo para mí. La penetré de una estocada, sintiendo cómo su culo rebotaba contra mis caderas mientras la empotraba sin piedad, sus gritos ahogados en la almohada. Ella me rogaba que la llenara, que me corriera dentro, y yo no podía resistirme. Me vine dentro de su coño, sintiendo cómo mi leche le llenaba el vientre mientras ella temblaba debajo de mí. Al terminar, su short roto quedó tirado en el suelo, manchado de mi semen.