Verificación caliente con la vecina que me debe una
El olor a sudor y perfume barato flota en el aire mientras ella se inclina sobre la mesa, desafiándolo con una mirada que promete venganza. La vecina, con su blusa ajustada que apenas contiene sus tetas grandes, cruza los brazos y sonríe con malicia. "¿Crees que puedes manejarme?", escupe, mordiéndose el labio inferior. Él la agarra de la cintura y la gira de golpe, empujándola contra la pared mientras sus manos recorren sus caderas hasta llegar a su culo firme. Ella gime cuando sus dedos se clavan en su piel, pero no se rinde: "Pensé que eras más hombre, pero si solo puedes hacer esto...". Él responde metiendo la mano entre sus piernas y sintiendo lo mojada que está, sus dedos frotando su coño hinchado hasta que ella arquea la espalda. "No te corras todavía", ordena, pero ella ya está temblando, sus muslos apretándose alrededor de su mano. La levanta y la lleva al sofá, donde la sienta a horcajadas sobre él, su polla dura presionando contra su ropa interior empapada. "Ahora veremos quién ruega", susurra ella antes de bajar y chupar su cuello, sus uñas arañando su espalda. Él la penetra de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado lo envuelve hasta las pelotas, y ella grita, pero no de dolor, sino de placer. "Más fuerte", exige, y él la embiste con fuerza, sus tetas rebotando con cada movimiento. Ella se corre primero, su cuerpo convulsionando, pero él no para, follándola hasta que ella jadea: "¡Basta, no aguanto más!". "¿Segura que no puedes más, perra?", responde él, y ella solo puede gemir en respuesta, su cuerpo rendido pero su orgullo intacto.