Assilille se moja al jugar con su propio cuerpo
La habitación estaba iluminada por una luz tenue, con velas derritiéndose en los rincones y el aroma de cera y sudor flotando en el aire caliente. Assilille, desnuda sobre la cama, se retorcía con los dedos ya húmedos, explorando cada pliegue de su coño con lentitud deliberada. Sus gemidos eran bajos, casi un ronroneo, mientras se arqueaba hacia atrás, rozando los pezones erectos contra sus propias manos. Sabía que alguien la observaba, y eso la volvía más mojada, más ansiosa. Un vestido ajustado colgaba del respaldo de una silla, su elección para provocarlo antes, con cada paso calculado para rozar su culo redondo contra la tela. Ahora, sin embargo, era su propia excitación la que la dominaba. Sus dedos se hundieron hasta que sintió las paredes internas temblar, y cuando se masturbó con más fuerza, las uñas marcaron su piel sin piedad. El otro no pudo resistirlo más y se abalanzó sobre ella, pero Assilille solo rió, separando las piernas para mostrar cuánto la excitaba el juego. La polla de él ya estaba dura, pero ella siguió frotándose, mordiéndose los labios hasta que él la empotró contra el colchón. Las embestidas eran profundas, rítmicas, y cada vez que la penetraba, ella gemía más fuerte, acercando sus caderas para sentirlo hasta las pelotas. Él gruñó, aguantando, pero ella sabía que pronto se correría sobre sus tetas. La próxima vez, prometerá no dejarlo jugar tanto antes de romperle el culo.