Yuzu Mashiro se entrega a un anal salvaje con Hiroshi Owada
Llevabas semanas mirándola de reojo, sintiendo cómo su culo apretado te volvía loco cada vez que se inclinaba frente a ti. Las medias negras que usaba hoy solo empeoraban las cosas, marcando cada curva de sus muslos mientras Hiroshi Owada la agarraba por las caderas y te señalaba con esa sonrisa de puto. Sabías que no podías resistirte más, así que la empujaste contra la cama, sintiendo cómo su coño ya estaba mojado de anticipación. Le arrancaste las bragas de un tirón, dejando al descubierto ese culo perfecto que tanto habías deseado. La hiciste arrodillarse, separándole las nalgas para que vieras su agujerito apretado, temblando de expectativa. Te untaste bien la polla con saliva, sintiendo cómo ella gemía al ver lo gruesa que estaba. La penetraste de una estocada, sintiendo cómo su culo se cerraba alrededor de tu verga, ahogando un grito de placer. Cada embestida era más profunda, más salvaje, hasta que sus gritos se mezclaban con el sonido de tu piel chocando contra la suya. Hiroshi Tanaka se unió, chupándole las tetas mientras tú seguías empotrándola sin piedad, sintiendo cómo su culo se ajustaba perfectamente a tu polla. La hiciste correrse una y otra vez, hasta que ya no pudo más y se desplomó, pero tú seguiste follándola, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el tuyo. La llenaste de leche hasta que su culo rebosó, dejando un charco blanco en las sábanas. Justo cuando creías que no podías seguir, ella te miró con esos ojos de puta y te pidió que la rompieras otra vez, pero esta vez más fuerte, más profundo, hasta que no pudieras contenerte más. Y entonces, sin avisar, te corriste dentro de ella, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de tu polla, ordeñándote hasta la última gota.