Alan me llenó el coño con su polla enorme y luego me descargó adentro
Te voy a contar cómo Alan me empotró contra la pared hasta que mi coño quedó temblando y él no aguantó más... Imagina el living de mi casa, las luces tenues, el sofá donde me arrodillé obediente, esperando que él me ordenara qué hacer. Cuando Alan entró por la puerta, su polla ya estaba lista, dura como una roca, y yo ni siquiera podía hablar, solo gemía mirándola. ‘Ábrela, putita, quiero verte tragar toda mi leche’, me dijo mientras me agarraba del pelo y me empujaba hacia su verga. No tuve opción: la chupé como una profesional, sintiendo cómo su pene golpeaba mi garganta hasta que él gruñó y me empujó hacia la cama. ‘Dame el culo, que hoy te lo voy a romper’, ordenó, y yo me puse en cuatro patas, el coño palpitando de ganas. Alan se arrodilló, pasó sus dedos por mi humedad y gruñó de satisfacción. ‘Mira qué mojada estás, puta, pero hoy no te corres hasta que yo lo diga’. Lo sentí entrar de una estocada, su verga gruesa abriéndome sin piedad, y yo grité, pero él no se detuvo, solo aceleró, embistiéndome con fuerza, sus pelotas chocando contra mi clítoris. ‘Pide permiso, zorra, ¿quieres venirte?’. ‘¡Sí, por favor!’, supliqué, y él sonrió. ‘Pues chupa mi dedo y no te muevas’. Obedecí, y él me folló más fuerte, hasta que su polla empezó a palpitar y me llenó el coño con un chorro caliente, gruñendo como un animal. ‘Tragué todo, mi amor, pero no me dejó terminar, solo me dejó temblando, llena de su leche.