Chica joven acepta follada salvaje sin parar
Desde que la conoció en el barrio, él no podía sacársela de la cabeza, sobre todo cuando la vio corriendo en shorts ajustados por la cuadra, el culo redondo moviéndose con cada paso. La primera vez que se cruzaron en el ascensor, ella le clavó la mirada con esos ojos verdes y una sonrisa pícara mientras se lamía los labios, como si supiera exactamente lo que él quería hacerle. En cuanto entraron a su departamento, ella se quitó la blusa sin pudor dejando al descubierto unos pechos firmes y pequeños que le cabían perfecto en las manos, mientras él se deshacía del cinturón con manos temblorosas. En el sofá, ella se arrodilló sin decir nada y le agarró la verga dura como piedra, chupándola con hambre hasta que la punta le rozó la garganta, escuchando cómo gemía entrecortado cada vez que le clavaba los dedos en el pelo. Él la levantó como si no pesara nada y la empotró contra la pared, subiéndole el vestido hasta la cintura para dejar al descubierto un coño depilado y brilloso que ya estaba más que listo para su polla, que se hundía una y otra vez con embestidas brutales mientras ella gritaba de placer. Cada vez que la embestía hasta el fondo, sus tetas rebotaban contra su pecho y él le mordía el cuello mientras escuchaba cómo se le escapaban gemidos ahogados entre los dientes apretados, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su miembro cada vez más duro. Cuando él la tiró sobre la cama y le abrió las piernas de par en par, ella se agarró de las sábanas mientras él le metía los dedos hasta que la hizo correrse gritando su nombre, con los muslos temblorosos y la espalda arqueada de placer. Él no aguantó más y se corrió dentro de ella con un gruñido gutural, llenándola de leche caliente mientras ella seguía jadeando con los ojos vidriosos, los labios hinchados y el cuerpo tembloroso de tanto placer. Lo peor fue cuando ella le susurró al oído que podía volver cuando quisiera, porque desde ese momento su cuerpo ya no era suyo, sino de él para follar cuando se le antojara.