Él se toca solo mientras piensa en lo prohibido
“No debería estar haciendo esto, pero no puedo parar”, susurra entre dientes mientras se desabrocha el pantalón con manos temblorosas. La habitación está en silencio, solo el sonido de su respiración agitada rompe el aire. Su polla ya está dura, palpitando contra su mano mientras se imagina escenas que lo excitan y avergüenzan al mismo tiempo. Las gotas de sudor le caen por la frente mientras se agarra con fuerza, moviendo la mano arriba y abajo con un ritmo desesperado. Cada embestida de su puño lo lleva más cerca del borde, pero la culpa lo persigue, mezclándose con el placer hasta volverlo loco. Sus gemidos son ahogados, como si alguien pudiera escucharlo, pero no puede contenerlos. Las piernas le tiemblan, los músculos se tensan, y sabe que está a punto de explotar. Con un último movimiento brusco, se corre con fuerza, el semen caliente salpicando su abdomen y sus dedos. Respira hondo, intentando calmarse, pero el olor a sexo y sudor lo envuelve. En el suelo, su ropa está tirada en desorden, un recordatorio de lo que acaba de hacer.