Dos morras traviesas se enredan en el jacuzzi caliente
Desde que llegó esa rubia de tetas duras no podía quitarle los ojos de encima aunque intentara disimular con los chorros del agua hirviendo que le pegaban en la espalda. La morena, sin perder tiempo, le pasó la mano por el muslo mojado mientras le susurra al oído que allí nadie las iba a pillar, que el vapor lo tapaba todo, que podían hacer lo que quisieran sin que nadie las viera... Y la rubia, con la piel erizada y el coño ya chorreando entre las piernas, se dejó caer contra el muro de azulejos calientes sin oponer resistencia. La morena no perdió ni un segundo: le agarró los pechos redondos y se los llevó a la boca, chupando cada pezón hasta que la rubia soltó un gemido que se perdió entre el ruido del burbujeo del jacuzzi. Entre saliva y espuma, la morena le bajó el bikini de un tirón y se le metió entre las piernas, lamiéndole el coño depilado con la lengua larga y jugosa mientras la rubia se aferraba a sus caderas con los dedos clavados en la carne. La morena no se conformó con eso: se puso de rodillas en el agua caliente y le abrió las nalgas a la rubia para meterle la lengua bien hondo en el culo, haciéndola estremecerse con cada lametón lento y húmedo que le arrancaba suspiros entrecortados. La rubia, loca de placer, le agarró la cabeza y la empujó más abajo, obligándola a chuparle el clítoris hinchado hasta que sintió que el orgasmo le recorría el cuerpo como una descarga eléctrica, mojándole el coño hasta dejarla temblando. Pero la morena no había terminado: se subió sobre ella en el jacuzzi, apretando sus tetas pequeñas contra las de la rubia mientras le metía dos dedos bien dentro del coño empapado, moviéndolos a un ritmo que la hacía arquear la espalda y gritar de placer entre espuma y vapor. Cuando la morena sintió que la rubia estaba a punto de correrse otra vez, se quitó el top y se lo metió a la boca a la morena, que no dudó en empezar a mamársela con fuerza mientras le agarraba el culo prieto y se lo apretaba hasta dejarle marcas rojas. El agua seguía hirviendo, el vapor las envolvía, y los gemidos ahogados de ambas se mezclaban con el sonido de los chorros chocando contra sus cuerpos desnudos... Hasta que al final, exhaustas y con el aliento entrecortado, se dejaron caer la una sobre la otra en el agua, con las piernas entrelazadas y los cuerpos pegajosos de sudor y excitación.