Emilia Song me chupa la polla con sus manos mágicas
La luz tenue del cuarto de hotel resaltaba el rojo de su pelo mientras Emilia Song se acercaba, sus ojos brillando con esa mezcla de timidez y deseo que llevaba días acumulando entre nosotros. Yo ya no aguantaba más las miradas robadas en el set, los roces 'accidentales' que nos dejaban con la respiración entrecortada, hasta que esa noche, con la puerta cerrada y el silencio como cómplice, sus dedos se cerraron alrededor de mi verga con una presión perfecta. Sentí cómo su saliva caliente lubricaba cada centímetro mientras sus manos trabajaban en sincronía, apretando, aflojando, siempre con ese ritmo que me volvía loco. Emilia gemía bajito, como si no quisiera admitir cuánto le gustaba, pero sus caderas se movían contra mi pierna, buscando fricción. Le agarré el pelo con fuerza, guiando su cabeza hacia mi polla, y ella abrió la boca sin resistirse, chupando la punta con esa lengua ágil que conocía cada punto sensible. Cuando empecé a embestirle en la garganta, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no se apartó, al contrario, sus manos bajaron a mis huevos, masajeándolos con la misma maestría que usaba para mi verga. En más de 12 minutos de escena, la tensión que habíamos contenido explotó en un orgasmo que me dejó temblando, mi leche blanca manchando sus labios rojos y su pecho perfecto. Emilia se limpió con una sonrisa pícara, pero fue el brillo en sus ojos lo que me dijo que esto no había terminado.