Ger se masturba en el vestuario con la polla dura frente al espejo
El sonido de mi respiración agitada rebota contra las paredes de azulejos mientras me apoyo en el lavabo, sintiendo el frío del metal en mis muslos. Ger está ahí, mirándome con esa sonrisa de puto dominante que me hace mojarme al instante. Me ordena que me arrodille y me agarre la polla, y aunque quiero resistirme, mi cuerpo obedece sin pensarlo. Sus dedos me agarran del pelo mientras me empuja hacia su verga, obligándome a abrir la boca. El sabor salado de su pre-cum me llena la lengua, y gimo cuando me la mete hasta las pelotas, ahogándome un poco. Sus gemidos son música para mis oídos, y cuando me dice que me levante y me toque frente al espejo, lo hago sin dudarlo. Veo cómo mi polla rebota contra mi vientre, brillante de saliva, mientras me masturbo con fuerza, sintiendo cómo el placer me recorre la espalda. Ger me observa con esos ojos de dueño, y cuando me ordena correrme, lo hago con un grito ahogado, manchando el espejo con mi leche caliente. Queda un charco pegajoso en el suelo, y su risa satisfecha es lo último que escucho antes de que me tire contra la pared para seguir follándome.