Gina Gerson se masturba con juguetes en su consultorio médico
Me colé en el consultorio de Gina Gerson cuando nadie miraba, sabiendo que su marido podía volver en cualquier momento. La enfermera más caliente de la clínica estaba sola, con ese uniforme ajustado que apenas contenía sus tetas pequeñas pero perfectas. Me escondí tras la cortina mientras ella se quitaba las medias de red, dejando al descubierto su coño depilado y ya mojado. Sacó un vibrador rosa de su cajón y lo encendió, gimiendo bajito para que nadie la oyera. Yo me desabroché los pantalones, mi polla dura como roca, y empecé a pajearme viendo cómo Gina se metía el juguete hasta el fondo, moviendo las caderas con desesperación. Cada vez que escuchaba un ruido en el pasillo, ella se tapaba la boca, pero no paraba, solo aceleraba más. El sonido del vibrador y sus jadeos ahogados me volvían loco, y cuando por fin se corrió, temblando entera, supe que no olvidaría esa escena en más de 60 minutos de placer prohibido. Lo último que pensé fue en cómo su mente debía estar dividida entre el éxtasis y el miedo a ser descubierta.