Dahiann y su amiga descubren un placer inesperado con un dildo enorme
—'¿De verdad vas a probarlo?' —me dijo Dahiann, mordiéndose el labio mientras sostenía el dildo entre sus dedos, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y deseo. Yo ya estaba mojada solo de verla, pero cuando lo deslizó entre mis piernas, todo cambió. El juguete era más grande de lo que imaginaba, y cuando lo empujó dentro, sentí cómo me abría entera de golpe, haciendo que mis muslos temblaran. —'¡Joder, qué apretadita estás!' —gimió ella, moviéndolo con fuerza mientras yo me arqueaba, mis pezones duros como piedras. Cada embestida me hacía gemir más fuerte, y cuando añadió sus dedos, frotándome el clítoris sin piedad, perdí el control. —'Córrete para mí, puta' —ordenó, y yo obedecí, sacudiéndome contra su mano mientras el orgasmo me recorría. Pero lo mejor fue cuando ella se lo metió a sí misma, gimiendo como una loca al sentirlo hasta el fondo. Sus nalgas perfectas rebotaban contra el colchón, y yo no podía apartar los ojos de cómo su coño lo tragaba una y otra vez. En más de 10 minutos de escena, nos turnamos para montarlo, chuparnos los pezones y besarnos como si el mundo se acabara. Cuando terminamos, Dahiann estaba sudada, con los labios hinchados y una sonrisa de satisfacción que decía: 'Esto no se queda aquí.'