Koki se entrega al poder de un oso dominante en la ducha
El vapor de la ducha empañaba el espejo cuando Koki se arrodilló, sintiendo el agua caliente correr por su espalda mientras el oso grueso le agarraba del pelo con fuerza. No dijo nada, solo gruñó y le empujó contra los azulejos, obligándole a abrir la boca mientras su polla gruesa le rozaba los labios. Koki gimió, sabiendo lo que venía, y cuando el oso le ordenó chupar, obedeció al instante, tragando cada centímetro de esa verga dura hasta que le dolió la garganta. El oso lo humilló, llamándole putita sumisa mientras le obligaba a mirar hacia arriba, con los ojos llorosos y la saliva escurriendo por la barbilla. Luego lo giró, empujándolo contra la pared y separándole las nalgas con las manos para clavarle la polla de una estocada, haciendo que Koki gritara y se aferrara a los azulejos. Cada embestida era más profunda, más brutal, hasta que el oso le ordenó correrse, y Koki lo hizo, manchando el suelo de la ducha con su leche blanca mientras el oso seguía follándolo sin piedad. Cuando terminó, el oso se apartó, dejando a Koki temblando, con la polla aún dentro de su culo, y una mancha pegajosa en los azulejos.