Polla caliente y leche espesa en tu mano
Sientes el calor de su verga gruesa en tu palma, la piel tensa y palpitante bajo tus dedos mientras él te reta con una sonrisa de desafío: '¿Crees que puedes aguantar lo que viene?'. Te la agarras con fuerza, sintiendo cómo late entre tus dedos, y él arquea la espalda con un gemido ahogado cuando empiezas a mover la mano con ritmo lento pero firme. La punta ya brilla con una gota de líquido claro, y él te mira fijamente, apretando los dientes mientras te desafía: 'No te detengas, quiero ver si puedes hacerme correrme antes de que te rindas'. Te inclinas hacia adelante, sintiendo su aliento caliente en tu oreja mientras aceleras el movimiento, la mano resbalando por su tronco grueso, y él gruñe, agarrándose a tus hombros con las uñas. La polla se pone más dura, más caliente, y él jadea: '¡Más rápido, cabrón, hazme explotar!'. Sientes cómo el músculo se tensa bajo tu piel, cómo el líquido espeso empieza a brotar, caliente y pegajoso, y él grita cuando la primera descarga te salpica el pecho, gruesa y blanca, mientras él se corre con un gemido animal, las caderas temblando bajo tu mano. El calor te quema, la leche te cubre los dedos, y él se derrumba contra ti, sudoroso y satisfecho, pero tú no paras, sigues masajeando, sacándole hasta la última gota, hasta que su polla se pone flácida y él te suplica, riendo: '¡Ya, ya, joder, para!'. Pero tú no obedeces, sigues frotando, disfrutando del poder que tienes sobre él, sintiendo cómo su cuerpo se estremece con cada nueva sacudida de placer. La habitación huele a sexo y sudor, y tú sonríes, victorioso, sabiendo que ganaste el juego.