La animada se deja empotrar por mi verga monstruosa y termina llena de leche
—'No aguanto más, necesito que me rompas el coño con esa polla descomunal'— me susurró al oído después de semanas de miradas robadas y roces 'accidentales' en el trabajo. Desde que la vi con ese uniforme ajustado, supe que acabaría así: con mis manos apretando sus nalgas perfectas mientras la penetraba de una estocada hasta hacerla gemir como una perra en celo. Sus tetas rebotaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, y su coño chorreaba tanto que mi polla entraba y salía con un sonido obsceno. La tomé por el pelo, obligándola a arquear la espalda, y le di tan duro que sus piernas temblaban. —'¡Sí, así, métemela toda, hazme tu puta!'— gritó cuando sentí cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga, indicándome que estaba a punto de correrse. No me detuve, seguí embistiendo hasta que exploté dentro de ella, llenándola hasta que mi leche rebosó de su coño. —'¿Ves? Ahora eres mía, llena de mi leche'— le dije mientras se derretía contra mí, jadeante y satisfecha.