La milf morena me usa de semental para vengarse de mi ex
Yo, Payton, estaba que me moría por probar la polla de Ryan desde que lo vi entrenando medio desnudo en el gimnasio, pero la verdad es que esto no era solo por lujuria: quería hacerle pagar a mi ex por haberme dejado botada. Cuando el vecino me invitó a tomar algo, no dudé en arquear bien el culo en el sofá para que no perdiera detalle. Me bajé el escote de golpe y le clavé los ojos mientras me chupaba los labios, sabiendo que mi coño ya estaba empapado solo de imaginármelo rompiéndome las bragas. Le dije que me había traído un vestido ceñido exprofesamente para que me arrancara la tela si se atrevía, y él no se resistió: me empujó contra el sillón y me abrió las piernas de una patada, metiendo los dedos hasta el fondo. Sentí cómo me estiraba el coño con rudeza, los huevos peludos de Ryan chocando contra mi culo mientras me llenaba de una manera que mi ex nunca logró. Grité como una zorra cuando me agarró los melones y me los apretó mientras me empalaba, las tetas rebotando con cada embestida brutal. Quería que supiera que yo no era ninguna sumisa: le escupí en la cara y le ordené que me follara más duro, que me partiera por la mitad. Ryan gruñó como un animal cuando le clavé las uñas en la espalda, mis muslos temblando alrededor de su cadera mientras él me penetraba hasta hacerme tocar el cuello del útero. Cada vez que se retiraba, yo gemía de frustración hasta que me empotraba de nuevo, el sonido húmedo de mi coño tragándose su polla gorda. Cuando vi que estaba a punto de correrse, le mordí el hombro y le susurré que me llenara de leche como un puto semental, pero él prefirió sacársela y pintarme los labios con su corrida, riéndose porque sabía que yo no iba a conformarme con eso. Justo cuando iba a reclamarle más, me agarró del pelo y me empujó hacia abajo, metiéndome la verga hasta la garganta mientras me ahogaba con ella, sintiendo cómo cada gota de su leche espesa me resbalaba por la barbilla. Era una puta rabia verlo disfrutar tanto de mi humillación, pero no podía negar que mi coño seguía palpitando, deseando otra ronda.