La niñera cachonda se deja follar por dinero
La rubia de dieciocho años entró en la sala con unos shorts tan cortos que casi se le veía el coño depilado al caminar, y al ver la enorme polla del tipo mayor que esperaba en el sofá se le humedeció la tanga al instante. Él, un cuarentón con un culo prieto y unos abdominales marcados, le tiró un billete de veinte mientras le susurraba que quería ver cómo se le chorreaba el coño de tanto gemir. Ella, sin pensarlo dos veces, se arrodilló entre sus piernas y se tragó toda la verga hasta que la cabeza le rozó la garganta, ahogándose un poco pero sin soltar ni un segundo. Mientras le chupaba con ansias, él le metió dos dedos en el coño empapado y le arrancó un gemido tan fuerte que su mamá, que estaba en la cocina, pensó que la estaba matando. El tipo, loco por meterla, la levantó en peso y la empotró contra la pared con tanta fuerza que los cuadros se cayeron, y ella, con las tetas rebotando sin control, no pudo evitar correrse cuando él le mordió un pezón mientras le metía la polla hasta el fondo. El trío no tardó en unirse: su pareja, una morena de tetas grandes y culo redondo, se tiró al suelo y empezó a comerle el coño a la rubia mientras él le escupía en la cara para después corrersele encima sin piedad. La niñera, con la cara llena de leche caliente y el coño goteando, no pudo hacer más que sonreír mientras contaba el dinero que ya le quemaba en los dedos.