Madura vintage te provoca con su arte de seducción
Esa tarde en el estudio, te voy a contar cómo me puse un vestido ajustado solo para ver cómo se te salían los ojos de las órbitas. Sabía que me estabas mirando cuando me agaché a recoger el pincel, dejando que el escote se abriera justo lo suficiente para que vieras mis tetas rebotar. Te mandé una foto del culo en tanga, con el flash encendido para que vieras cada pliegue de mi piel madura, y cuando pasé rozando tu silla, dejé que mi mano se deslizara por tu hombro como si fuera un accidente. Pero no era un accidente, ¿verdad? Te vi tragar saliva cuando me incliné sobre el caballete, con el coño mojado apretando el lienzo. Sabía que no aguantarías más cuando me quité el vestido de un tirón, dejando solo el tanga negro que ya estaba empapado. Te arrodillaste sin que te lo pidiera, metiendo la cara entre mis piernas para chupar mi clítoris hinchado mientras yo me agarraba de tu pelo. Cuando te levantaste, te arranqué los pantalones y te empujé contra la pared, montándote como una loca hasta que tu polla enorme me llenó entera. Gritaste cuando te corriste dentro, y yo me reí porque sabía que volverías a rogarme la próxima vez. La próxima vez, te haré esperar más.