Monja pervertida se corre con polla bien dura
La hermana Anastasia llegó a la sacristía con el hábito recogido hasta las caderas y los pezones duros como piedras bajo la tela fina, el coño empapado ya por la vista de la verga gruesa y palpitante que el cura le mostró al abrir el cajón. Sin perder un segundo, se arrodilló en el suelo frío de baldosas mientras le chupaba la punta con esos labios carnosos, tragando cada gota de pre-semen que le brotaba como si fuera néctar prohibido. Él le agarró el pelo con fuerza y la empujó más abajo, haciendo que sus tetas enormes se balancearan al ritmo de cada arcada mientras la polla le llegaba hasta la garganta, ahogándola sin piedad. 'Más fuerte, puta', gruñó él, y ella obedeció con un gemido ahogado, lamiendo el tronco desde la base hasta la punta mientras sus manos le masajeaban los huevos pesados y llenos. Cuando por fin la soltó, la monja se levantó con las piernas temblorosas y se apoyó contra el confesionario, levantando el hábito para mostrar ese culito prieto y redondo que tanto lo excitaba. Él no perdió el tiempo: la embistió desde atrás con un empujón brutal, haciendo que sus tetas botaran como gelatina al ritmo de cada embestida profunda que le llegaba hasta el fondo del coño, mojado y ardiente como el infierno. Los sonidos de carne chocando y sus gemidos de puta necesitada resonaban en la iglesia vacía, mezclándose con el olor a cera derretida y sexo sucio que inundaba el ambiente. Cada vez que la polla le rozaba ese punto que la volvía loca, ella gritaba como una posesa, pidiendo más sin vergüenza mientras sus uñas se clavaban en la madera del confesionario. El cura, con los huevos a punto de explotar, la agarró de las caderas y la empotró contra la pared, metiéndosela hasta el fondo una y otra vez hasta que ambos sintieron que el mundo se les venía encima. Cuando por fin se corrió dentro de ella con un rugido animal, la monja se dejó caer al suelo, exhausta pero con una sonrisa de satisfacción en la cara mientras el semen le resbalaba por los muslos, dejándola marcada como la puta que siempre quiso ser.