Mujer asiática de culo redondo me reta a follarla sin parar
El olor a sudor y perfume barato me llegó antes de verla: su culo redondo, firme como melón maduro, se balanceaba frente a mí mientras se quitaba el sostén con un gesto desafiante. '¿Crees que puedes aguantar lo que te espera, cariño?', me dijo con esa sonrisa de puta que sabe que me tiene en sus manos. No me lo pensé dos veces: la tiré sobre la cama, le arranqué el tanga con los dientes y le clavé la polla de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía como un guante mojado. Gritó, pero no de dolor, sino de placer, mientras le agarraba las tetas grandes y las apretaba contra mi pecho. 'Más fuerte, cabrón', me exigió, y yo obedecí, embistiéndola como un animal hasta que sus gemidos se volvieron incontrolables. Cada vez que intentaba moverse, la sujetaba por las caderas y la empotraba contra el colchón, sintiendo cómo su culo rebotaba contra mi vientre. El sonido de la piel chocando, el olor a sexo en el aire, y el calor de su cuerpo me volvieron loco. Cuando ya no pudo más, me corrió encima, marcándome la espalda con sus uñas mientras su coño se contraía alrededor de mi polla. Al terminar, su tanga roto quedó tirado en el suelo, junto a una mancha de su excitación en las sábanas.