Pamela me apostó que no le aguantaría mi culo de morena culona
No sé qué me dio cuando le dije a mi cuñado Paul que me follara el culo, pero desde que lo vi mirándome en la fiesta con esa polla dura bajo el pantalón, supe que tenía que humillarlo. Le aposté que no aguantaría mis gemidos, que mi culo apretado le arrancaría el orgasmo en menos de 10 minutos. Él se rió, me dijo que era una putita presumida, así que me bajó el tanga de una patada y me empotró contra la pared del cuarto. Sentí su verga gruesa abriéndome el culo como si fuera mantequilla, cada embestida más profunda, hasta que sus pelotas golpearon mi piel. Yo no paraba de gemir, de retorcerme, pero me encantaba que me tratara como su puta. Me dio vuelta, me puso a cuatro patas y empezó a azotarme las nalgas mientras me metía de una estocada hasta donde nunca antes. Mi coño chorreaba de excitación, pero él solo quería mi culo, así que me llenó de babas y siguió partiendo mi agujero como un salvaje. Cuando ya no pude más, me corrió en la cara, pero yo solo pensaba en que me había ganado la apuesta: ni él ni yo aguantamos tanto. Ahora me pregunto cuándo repetiremos.