Peaches Love se deja empotrar por el pollón blanco de Chad Diamond
El sonido de sus tacones golpeando el suelo de madera te pone los pelos de punta mientras la ves acercarse, sus tetas enormes rebotando con cada paso, el olor a perfume caro mezclado con el sudor de su piel. Sabes que esto está mal, que no deberías estar aquí, pero no puedes resistirte a la mirada de Peaches Love cuando se quita la blusa y deja al descubierto esos melones perfectos, los pezones duros como piedras. La agarras por la cintura y la sientes temblar bajo tus dedos, su coño ya mojado antes de que siquiera la toques. Le bajas los pantalones y te quedas mirando ese culo enorme, redondo, perfecto para azotar, y lo haces, fuerte, escuchando cómo gime y se muerde el labio. Te la chupa con avidez, sintiendo cómo su boca caliente te envuelve entero, sus manos agarrando tus pelotas con fuerza. Cuando la empotras contra la pared, sus gemidos llenan la habitación, sus tetas saltan con cada embestida, y la sientes apretarte como un guante, su coño caliente y húmedo tragándose tu polla hasta las pelotas. Chad Diamond la mira con lujuria mientras la montas como una perra, sus uñas clavándose en tu espalda, sus piernas temblando alrededor de tu cintura. Sabes que esto no debería excitarte tanto, pero el sonido de su voz pidiendo más, el calor de su cuerpo contra el tuyo, te vuelven loco. La tiras en la cama y la embistes sin piedad, sintiendo cómo su coño se abre para ti, cómo sus muslos tiemblan con cada estocada. Cuando por fin te corres dentro de ella, grita tu nombre, su cuerpo arqueándose bajo el tuyo, y en ese momento, mientras su respiración se acelera, solo piensa en lo mucho que desea esto, en lo mal que se siente pero en lo bien que se siente al mismo tiempo.