Verificación caliente de la vecina infiel
La vi por la ventana mientras se retorcía en la cama, las piernas abiertas y la polla de otro hombre hundida hasta las pelotas en su coño mojado. Sabía que era mi oportunidad de venganza por haberme engañado con ese cabrón. La puerta estaba abierta, así que entré sin hacer ruido y me puse detrás de ellos, observando cómo ese tipo le mordía los pezones mientras la embestía con fuerza. Ella gemía como una perra en celo, el culo rojo de los azotes que él le daba con la mano abierta. No pude resistirme más y saqué mi verga dura, acercándome para que me viera. Sus ojos se abrieron de par en par cuando me reconoció, pero ya era demasiado tarde: el tipo no se detuvo, siguió follándosela mientras yo me acercaba para que me chupara la polla. Ella obedeció, metiéndosela en la boca con desesperación, como si quisiera compensar su traición. El otro tipo no se dio cuenta hasta que le agarré el pelo y la obligué a mirarme mientras me corría en su cara. Él se enfureció, pero yo ya estaba encima de ella, empujando mi verga en su culo sin lubricación, haciéndola gritar de dolor y placer. Las paredes de su coño se apretaban alrededor de la polla del otro, pero ahora era yo quien la dominaba, follándola con furia hasta que ambos se corrieron dentro de ella al mismo tiempo. El tipo se fue furioso, pero ella quedó temblando, con mi leche goteando de su boca y su culo lleno de mi semen.