Alan y Eddie follando como perros en celo después de la fiesta
La casa olía a cerveza derramada y sudor rancio, con los restos de la fiesta aún tirados por el suelo. Eddie se había quedado dormido en el sofá, pero yo no podía sacarme de la cabeza cómo Alan me miraba toda la noche, como si quisiera arrancarme la ropa con los dientes. ¿Te gustaría estar en su lugar? Verlo ahí, con esa polla gruesa marcándose bajo los pantalones, fue lo que me hizo tomar la decisión: si él no se atrevía a dar el primer paso, yo lo haría por los dos. Me arrodillé frente a Eddie, le bajé los pantalones de un tirón y le metí toda la verga en la boca de una sola estocada, sintiendo cómo se le cortaba la respiración. Eddie gimió como un puto, con los ojos desorbitados, mientras yo le chupaba la polla con rabia, imaginando que era Alan el que estaba ahí, el que me miraba con esa cara de satisfacción. Pero no, era Eddie, y eso me ponía más caliente: estaba follando con el hermano de mi ex, el tipo que siempre me ignoraba en las reuniones familiares, y ahora estaba temblando bajo mis manos, con la polla a punto de reventar. Lo empujé contra el sofá, le abrí las piernas y me senté sobre su verga, sintiendo cómo me llenaba hasta las pelotas, mientras él me agarraba las caderas con fuerza, como si quisiera marcarme. Eddie no duró ni cinco minutos, corriéndose dentro de mí con un gemido ahogado, pero yo no me detuve: me di la vuelta, le puse las piernas sobre los hombros y me empalé hasta que los huesos de sus caderas chocaron contra mi culo. En más de 10 minutos de escena, no paramos, no hablamos, solo follamos como animales, con el sonido de la carne chocando contra carne llenando la habitación. Cuando terminamos, Eddie estaba temblando, pero yo solo pensaba en una cosa: Alan nunca me había mirado así, nunca me había hecho sentir tan puta, y eso era lo que más me excitaba. ¿Vale la pena? Claro que sí, porque ahora sé que él se arrepentirá de no haber sido el primero.