Chúpame la verga, Marilyn, ¿o no puedes con ella, Patrick?
‘¿Crees que aguantas lo que te espera, Patrick?’, te desafía Marilyn mientras se arrodilla frente a ti, los labios carnosos ya brillando de anticipación. Agarras su melena oscura y guias esa boca caliente hasta tu polla, sintiendo cómo los dientes rozan apenas antes de que te la tragues entera de golpe. Ella suelta una risa ahogada, el tipo de provocación que solo una milf que sabe lo que quiere puede permitirse. Te la sacas hasta la punta, solo para sentir cómo su lengua serpentea alrededor del glande antes de volver a hundirte, esta vez más lento, saboreando cada centímetro mientras sus ojos te desafían. Sus manos se clavan en tus muslos, marcándote, como si quisiera recordarte quién manda aquí. Pero tú no te quedas atrás: empiezas a follarle la boca, suave al principio, luego con más fuerza, escuchando ese gemido ahogado que sale de su garganta cuando la punta te roza la campanilla. ‘¿Así o más duro?’, te pregunta con voz ronca cuando te detienes, y antes de que puedas responder, ya la tienes de pie, girando ese culo perfecto hacia ti. Te la empotas de una estocada, sintiendo cómo sus paredes se ajustan a tu verga como un guante mojado. Ella arquea la espalda, gritando tu nombre, pero no suena a súplica, sino a orden: ‘No pares, cabrón’. El sonido de piel contra piel llena el cuarto mientras la embistes una y otra vez, sus uñas arañando las sábanas, su coño chorreando con cada empujón. Te la sacas de golpe, solo para verla caer de rodillas, chupándote con desesperación, como si ahora fuera ella la que no aguanta más. Pero en el fondo, mientras te vacías en su boca, sabes que los dos perdieron desde el primer reto.