Doctor Tampa y Selena Sativa en un juego médico de pies y latex
El crujido del guante de látex al rozar mi piel me puso la carne de gallina desde el primer segundo. Llevábamos días mirándonos con esa tensión que no se rompe, él con sus manos enguantadas y yo con los dedos de los pies pintados de rojo, sabiendo que esto iba a pasar. El olor a goma y mi perfume mezclados me volvían loca, y cuando por fin me ordenó que me quitara las sandalias, supe que no habría vuelta atrás. Sus dedos enguantados subieron por mis piernas hasta llegar a mi coño, ya mojado de anticipación, mientras yo gemía sin poder contenerme. La forma en que me acariciaba los pies, chupando mis dedos uno por uno, me hacía retorcerme de placer. Cuando por fin me empotró contra la camilla, el látex frío contra mi piel caliente era una sensación que no podía describir. Cada embestida me hacía sentir su polla hasta las pelotas, y cuando me corrí, fue tan intenso que vi estrellas. Ahora, con su semen aún goteando por mis muslos, solo pienso en cuándo volverá a hacerme suya de esta manera.