En la cocina del bar, la rubia se deja empotrar por el cocinero
Esa tarde en el bar, la tensión entre Samantha Jolie y Yanick Shaft se sentía en el aire desde hacía días. Cada mirada robada, cada roce casual al pasar cerca de la cocina, había encendido un fuego que ya no podían apagar. Ella, con su pelo rubio cayendo sobre los hombros y los labios rojos brillando bajo la luz tenue, no aguantó más cuando él la acorraló contra la encimera. Le subió el vestido hasta la cintura, dejando al descubierto su culo redondo y perfecto, ya mojado de anticipación. Él no perdió tiempo: le bajó las bragas de un tirón y le metió los dedos para abrirla antes de clavarle la polla gruesa de una estocada. Samantha gimió fuerte, agarrándose a los bordes de la mesa mientras él la embestía sin piedad, sintiendo cómo su culo apretado lo envolvía como un guante. Las tetas grandes de ella rebotaban con cada empujón, y él no podía resistirse a pellizcarle los pezones duros mientras la penetraba más profundo. El sonido de la carne chocando resonaba en la cocina vacía, mezclándose con los gemidos desesperados de Samantha, que le rogaba que no parara. Cuando él sintió que ya no aguantaba más, sacó la polla brillante de su culo y le ordenó que se arrodillara. Samantha obedeció al instante, abriendo la boca para recibir su corrida caliente. Él se corrió en su cara, marcándola como suya, mientras ella se lamía los labios con una sonrisa pícara. '¿Ves lo bien que me haces sentir, perra?', le dijo él, limpiándose la polla en su mejilla.