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Esposa filipina ardiente follada sin piedad

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Estúdio Pinaydiary

Desde que llegó a la ciudad, su coño apretado y esos labios gruesos de asiática no dejaban indiferente a nadie, pero nadie se atrevía a acercarse... hasta que él entró por la puerta con esa polla dura como el acero que le hizo temblar las piernas. La primera vez que le lamió el clítoris, la morena filipina no pudo evitar gemir con voz de puta caliente mientras sus uñas se clavaban en las sábanas negras de la cama. Él no perdió tiempo y la empotró contra la pared del pequeño departamento, sintiendo cómo su culo redondo y prieto se estremecía al ritmo de cada embestida brutal que le arrancaba gritos de placer. Sus tetas pequeñas pero firmes rebotaban con cada golpe de cadera, y él no pudo resistirse a morderle los pezones mientras sus jugos resbalaban por el muslo interno de ella, dejándola completamente mojada y lista para más. La filipina, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, le suplicó que no se detuviera mientras él la alzaba en el aire y la dejaba caer sobre su verga, sintiendo cómo su vagina se tragaba cada centímetro con un sonido húmedo y obsceno. Los gemidos se volvieron más agudos cuando él le agarró el pelo y le metió la lengua hasta la garganta, mientras sus caderas no paraban de moverse como si no hubiera mañana. Ella se corrió primero, con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo y le dejó la espalda arqueada como un arco, pero él no cedió ni un segundo, follándosela hasta que su propia corrida caliente le llenó las entrañas y la dejó temblando contra la pared, jadeando como una perra en celo. El sudor les resbalaba por la piel, mezclándose con el olor a sexo y a hembra satisfecha que inundaba el cuarto, mientras ella le lamía los huevos con avidez antes de que él la volteara y la empotrase de nuevo, esta vez desde atrás, con las piernas temblorosas y el coño goteando leche de tanto placer. La última embestida fue tan fuerte que hasta el espejo del baño tembló, y ella se corrió una vez más con un grito ronco que resonó en todo el edificio, dejando claro que esa noche no había sido suficiente... y que al día siguiente volverían a empezar.

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