Gina Snow te da un viaje salvaje en el auto y más allá
Esa tarde en el auto, con el motor apagado y los asientos reclinados, te voy a contar cómo empecé a provocarlo sin piedad. Me puse unos jeans ajustados y una blusa transparente, rozándome contra él cada vez que podía, enviándole fotos de mi coño depilado justo antes de salir. Sabía que no aguantaría, y cuando me vio así, con las tetas al aire y la polla dura como roca, perdió el control. Me empotró contra la puerta, metiendo los dedos en mi concha mojada mientras le chupaba la verga con ganas, sintiendo cómo se endurecía más con cada lamida. Luego me montó a horcajadas, rebotándome sobre su polla hasta que me corrí gritando, y después me hizo tragar su leche caliente. Lo mejor fue ver su cara cuando eyaculó: estaba jodidamente satisfecho, pero con esa mirada de '¿cómo carajos me hiciste esto?'