Asiática con tetas naturales se la chupa a negro musculoso
Desde que la vio entrar en el gimnasio con ese short ajustado y ese sudor brillándole en los muslos, no pudo sacársela de la cabeza. Era la primera vez que Lia se dejaba tocar por un hombre así, tan grande y tan fuerte, y cuando Darrell le pasó la mano por la cintura mientras le susurraban al oído que tenía un coño que parecía hecho para él, a ella se le escapó un gemido entrecortado. Sin pensarlo dos veces, lo agarró por el cuello de la camiseta sudada y lo arrastró hasta los vestidores vacíos, donde la polla ya le apretaba los leggings al caminar. Él no necesitó más que un tirón de su tanga para dejarla con el coño al aire, chorreando de lo mojada que estaba de solo imaginarse empalada por esa verga monstruosa. Cuando por fin se la metió de un empujón, Lia gritó como una puta descontrolada, clavando las uñas en sus hombros mientras él le llenaba el culo de embestidas brutales que le hacían rebotar las tetas pequeñas con cada golpe. Ella se lo chupó como si le fuera la vida en ello, ahogándose con la punta al hacerle una garganta profunda mientras le acariciaba los huevos duros como piedras, saboreando el pre a cada lamida. La cosa se puso peor cuando él la volteó y la puso a cuatro patas sobre el banco, agarrándola de las caderas para clavársela hasta el fondo sin piedad, haciendo que sus jugos le resbalaran por los muslos cada vez que se la sacaba hasta la punta. Lia no paraba de gritar su nombre entre jadeos, pidiendo que la hiciera suya de una vez, y cuando por fin sintió el chorro caliente golpearle el rostro y la boca, no pudo evitar tragarse hasta la última gota mientras se corría con espasmos que le sacudían todo el cuerpo. Él no se quedó atrás y, tras darle un par de lametazos a sus pezones duros como guijarros, le disparó un buen chorro de leche espesa en la boca que ella se limpió con la lengua antes de besarlo con lengua mientras le susurraba al oído que quería repetirlo mañana mismo.