Mi madrastra elias me volvió loco con su coño maduro
El sofá de la sala estaba lleno de cojines desordenados, las cortinas medio corridas dejaban entrar la luz del atardecer, y el aire olía a perfume caro y sudor excitado. Te voy a contar cómo mi madrastra, esa milf de tetas grandes y culo firme, me llevó al límite con sus juegos. Llevaba días provocándome: se vestía con tangas ajustados, se sentaba a mi lado en la mesa y rozaba su muslo contra el mío, me mandaba fotos de su escote con mensajes ambiguos. Hasta que una tarde, cuando me pilló solo en casa, no pudo aguantar más. Se acercó con esa mirada de puta hambrienta, me desabrochó los pantalones y me sacó la polla dura de una vez. '¿Te gusta lo que ves, Elias?' me susurró mientras se bajaba el tanga y se sentaba a horcajadas sobre mí. Su coño estaba chorreando, caliente y apretado, y cuando se la metió entera de golpe, gemí como un animal. La agarré de las caderas y la empotré contra el sofá, sintiendo cómo sus tetas rebotaban con cada embestida. 'Más fuerte, cabrón, quiero que me rompas el culo', me gritó, y no me hice de rogar. En más de 36 minutos de escena, la follé en todas las posiciones: de pie, contra la pared, con ella a cuatro patas mientras le chupaba el clítoris. Cuando por fin me corrí, lo hice dentro de su coño, llenándola hasta que el semen le goteó por los muslos. '¿Ves? Sabía que no podrías resistirte', me dijo con una sonrisa de satisfacción mientras se limpiaba los labios con el dedo.