Novia latina cabalga mi polla en anal con gemidos locos
Llevaba días con esa mirada traviesa cada vez que se agachaba a recoger mi ropa sucia, pero hoy se le fue la mano y terminó sentada encima de mi verga con ese culito prieto bien abierto. La muy puta se la chupó hasta dejarla como una barra de acero antes de montarse con toda la mala leche, gimiendo como si ya estuviera a punto de correrse solo por sentirme dentro. Le agarré las caderas bien fuerte y la empalé contra mi polla, sintiendo cómo su coño se apretaba cada vez que la hundía hasta el fondo, dejando que las tetas le bailaran al ritmo de mis embestidas brutales. La muy zorra no podía ni respirar cuando le metí toda la verga por el culo, gritando como una posesa mientras se la tragaba sin piedad, pero no se quejó ni una sola vez, al contrario, se retorció de placer cuando notó cómo su agujerito se abría para recibirme sin parar. Le encantaba que le azotara las nalgas mientras la follaba por detrás, dejándole la piel roja y marcada con cada cachetada que le daba mientras la cabalgaba como una posesa. No tardó ni un minuto en empezar a babearme la verga con saliva, preparándose para que se la metiera hasta la garganta sin compasión, tragándosela entera mientras le ahogaba los gemidos con mis embestidas profundas. El sonido de su culo chasqueando contra mi pelvis resonaba en toda la habitación, mezclado con los gritos ahogados que se le escapaban cada vez que la llenaba hasta el fondo, sintiendo cómo sus paredes se contraían como si quisieran exprimirme hasta la última gota. Cuando por fin se dejó caer sobre mí, con los muslos temblando y la boca abierta en un grito mudo, supe que estaba a punto de explotar, así que la levanté un poco para empalarla contra el colchón y clavarle la verga con toda la rabia que llevaba acumulada. Se corrió como una loca, con el coño empapado y el culo bien apretado alrededor de mi polla, dejando que la leche le salpicara por dentro mientras seguía empujando hasta vaciarme por completo dentro de sus tripas, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba poco a poco mientras los últimos espasmos le recorrían el cuerpo. Después no pudo ni moverse, con la cara roja y los pezones duros como piedras, jadeando como si acabara de correr una maratón, pero con una sonrisa de oreja a oreja porque sabía que esta follada iba a quedar grabada para siempre en su memoria... y en la mía.