Repartidor somete a Felipe con órdenes estrictas en casa
La cocina del apartamento parecía un lugar común hasta que el repartidor entró con el paquete en la mano y miró a Felipe de arriba abajo. Paulo Franco cerró la puerta con llave y ordenó a Felipe que se arrodillara sin decir una palabra. El joven obedeció al instante bajando los pantalones mientras el repartidor lo observaba con una sonrisa de superioridad. Paulo Franco le exigió que besara su polla por encima de la tela antes de sacarla y meterla entera en la boca de Felipe. Cada orden era seguida al pie de la letra con la cabeza inclinada y las manos atadas detrás de la espalda usando la propia correa del repartidor. El culo de Felipe quedó expuesto cuando Paulo Franco lo obligó a inclinarse sobre la mesa y lamerle las pelotas con la lengua extendida. Los gemidos de sumisión llenaron el espacio mientras el repartidor empujaba su polla gruesa dentro del ano apretado sin detenerse. Felipe rogaba permiso para tocarse pero solo recibía negativas y más embestidas que lo hacían temblar. El olor a sudor y sexo impregnaba el aire cuando Paulo Franco lo giró para follarlo de frente contra la pared. Las órdenes seguían llegando con voz firme mientras el clímax se acercaba y Felipe suplicaba en voz baja. Ahora agáchate y pide permiso para correrme dentro.