Sexo duro en isla con esta zorra traviesa
Al caer la tarde en esa isla escondida, te encuentras con una zorra que no puede esperar a que le revientes el coño. La agarras contra un árbol, sintiendo cómo su culo se aprieta cuando le metes los dedos en la boca para que no grite. La polla le entra entera de golpe, sus tetas rebotando con cada embestida mientras escuchas el mar de fondo. Te corres dentro y ella se limpia con tu camisa, pero no hay tiempo para más: alguien se acerca. La empujas al suelo y le tapas la boca con la mano, follándosela por detrás mientras sus gemidos se ahogan en la arena. Sientes cómo se le pone la piel de gallina cuando le susurras que se va a correr otra vez, y justo cuando lo hace, un ruido entre los arbustos os congela. Ella se queda temblando, con la mirada clavada en la sombra que se mueve entre los árboles.