Degroote me cubrió de leche caliente en mi coño abierto
Esa tarde en mi habitación, Degroote Mutombo Musafiri entró sin avisar y me encontró desnuda, con el coño ya mojado de solo pensar en su polla. Cuando me vio, sus ojos se clavaron en mis labios grandes, hinchados y rosados, y yo sentí un escalofrío al notar cómo su mirada me recorría entera. Al principio, solo me acarició con los dedos, pero cuando metió uno dentro, descubrí que era más grande de lo que imaginaba, y gemí fuerte al sentir cómo me estiraba. Degroote sonrió con esa arrogancia que me vuelve loca y me dijo: 'Vas a gritar mi nombre cuando te llene'. Me empotró contra la pared, y cada embestida me hacía chocar contra los azulejos, el sonido de su piel golpeando mi culo resonaba en toda la habitación. Cuando me penetró de una estocada, sentí que me partía en dos, pero no podía parar de moverme, de rogarle que no se detuviera. Degroote me levantó las piernas y me clavó más hondo, hasta que sus pelotas chocaban contra mi culo. Cuando por fin se corrió, fue en mi cara, en mis tetas, en mi coño, y yo me quedé temblando, con su leche goteando por mis muslos. '¿Ves lo que pasa cuando me provocas?', me susurró al oído, y yo solo pude reírme, sabiendo que al día siguiente volvería a buscarlo.