Entrenando la profundidad con Argendana y su enorme juguete
—'No deberíamos hacer esto...'— susurró, pero sus gemidos ahogaron el resto. Yo ya tenía mi polla dura como una roca, lista para romperle ese culo apretado que tanto me provocaba. Argendana estaba temblando, el cuerpo sudoroso y las nalgas enrojecidas de anticipación. Le pasé el dildo gigante por el coño mojado primero, sintiendo cómo se estremecía al contacto, antes de guiarlo hacia su agujero trasero. —'Respira, puta, que esto va a doler'— le dije, empujando poco a poco hasta que el juguete desapareció dentro de ella. Sus gritos eran música para mis oídos, mezcla de dolor y placer, mientras yo la penetraba con el dildo una y otra vez, viendo cómo su culo se abría como nunca. El sonido de su carne golpeando contra la mía era obsceno, y cada vez que lo sacaba casi por completo, ella gemía pidiendo más. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos cruzar esa línea, pero no podía parar. La culpa me quemaba por dentro, pero el deseo era más fuerte. Cuando por fin la llené hasta las pelotas, Argendana se corrió como una loca, gritando mi nombre mientras su cuerpo temblaba sin control. Al terminar, me di cuenta de que la había dejado marcada, el culo enrojecido y los ojos vidriosos de puro placer prohibido. Y lo peor es que ya quería repetir.