Gordo con verga enorme se abre el culo en la regadera
El tipo gordo y sudoroso ya llevaba media hora con la puerta del baño entreabierta, masturbándose mientras el agua caliente le resbalaba por ese culazo blanco y tembloroso. Al ver que su vecino —el musculoso de turno— entraba sin camisa, se le puso la verga como un fierro y empezó a gemir fuerte mientras se enjabonaba la polla con jabón de coco. El macho no tardó en meterse al baño, empujó al gordo contra la pared y sin perder tiempo le escupió en el culo bien apretado antes de empalmarlo con su verga gorda que brillaba de tanto sudor. El gordo abrió las piernas como pudo, jadeando mientras sentía cómo le estiraban el agujero con esa polla monstruosa, que entraba y salía con un ruido húmedo y pegajoso. Cada embestida le hacía gritar como puta en celo, con los huevos golpeándole el culo sin piedad mientras el agua caliente mezclaba el sudor con la leche que ya le escurría por las piernas. El tipo musculoso le agarró las nalgas con fuerza, abriéndole el culo como si fuera una fruta madura, y se la clavó hasta el fondo sin importarle los quejidos del otro que se agarraba a la cortina de plástico con fuerza. La verga dura le llegaba al estómago cada vez que se la metía, y el sonido de los huevos chocando contra su carne sonaba como un latigazo húmedo en el vapor del baño. Cuando ya no pudo aguantar más, el gordo se corrió a chorros, manchando el azulejo mientras el otro seguía empotrandolo sin piedad, sintiendo cómo se le escurría la leche por el agujero abierto. Al final, la verga gigante quedó enterrada hasta la raíz, y el tipo musculoso se corrió dentro con un gruñido animal, dejando su semilla bien adentro mientras el gordo se derrumbaba contra la pared, temblando y con la polla flácida pero aún goteando.