Keira Croft se entrega al padrastro con su polla enorme
La habitación estaba en penumbra, con la luz de la tarde filtrándose entre las cortinas medio cerradas, y el aire cargado de tensión desde hacía días. La habías visto mirándote de reojo cada vez que pasabas, mordiéndose el labio, con esos ojos verdes que te quemaban la piel. Sabías que lo deseaba tanto como tú, pero el juego de miradas y los roces "accidentales" no eran suficientes. Esta vez, cuando la agarras de la cintura y la sientes temblar bajo tus dedos, ya no hay vuelta atrás. La empujas contra la pared, tus labios chocan con los suyos mientras tus manos exploran su cuerpo, apretando sus tetas firmes antes de bajar hasta el coño ya mojado. Sientes cómo se arquea contra ti cuando tus dedos le abren los labios, gimiendo cuando los metes hasta el fondo, su humedad cubriéndote por completo. La haces arrodillarse y te la chupa con desesperación, tragando tu verga hasta que las lágrimas le corren por las mejillas. Cuando la pones de cuatro patas y la embistes de una estocada, el grito que suelta te vuelve loco, sus uñas clavándose en las sábanas mientras te la follas sin piedad. En más de 15 minutos de escena, la haces correrse tres veces, llenándola hasta que el semen le escapa entre las piernas. La próxima vez, le harás tragar cada gota sin dejar que se limpie.