La bomba de polla que dejó a la morra más mojada
La tipa llegó con un plan sucio: probar ese aparato de plástico que prometía hacer crecer la verga como por arte de magia. Al principio solo le dio risa ver cómo se inflaba el juguete entre sus dedos, pero cuando la cabeza de su polla se hundió en esa boquita ansiosa, los gemidos salieron solos. Cada bombeo del dispositivo hacía que el tronco se le endureciera más, mientras sus tetas rebotaban al ritmo de los empujones que le metía sin piedad. La morra no pudo aguantar más y se la clavó hasta la garganta, chupando con desesperación hasta que el sabor salado del pre-semen le quemó la lengua. El cabrón le agarró la nuca con fuerza y la empotró contra el sofá, donde su coño ya estaba empapado y temblando. Las embestidas eran tan brutales que hasta el culo le temblaba con cada porrazo, mientras ella no paraba de gritar que se corría pero él seguía dale que dale sin darle tregua. La polla le llegaba hasta el fondo cada vez, estirando su garganta hasta que los ojos se le llenaron de lágrimas mientras tragaba con avidez. Cuando por fin la soltó, el semen le resbaló por la barbilla en hilos espesos y ella se limpió con la mano antes de chuparle hasta dejarlo reluciente. La morra quedó tan satisfecha que hasta le pidió repetirle el juegazo con el mismo aparato, pero esta vez sin tanto plástico de por medio.