La reina del coño negro disfruta el perrito y grita como loca
El gemido agudo corta el aire cuando ella se agacha, el culo redondo en pompa, lista para recibir esa polla gruesa que la tiene mojada desde hace horas. ByronGh la agarra de las caderas con fuerza, marcando los dedos en esa piel suave mientras empuja de una estocada hasta que el chocho se ajusta como un guante caliente. Ella no para de retorcerse, el pelo enredado en la cara, los pezones duros rozando la sábana cada vez que él la embiste con más fuerza. La noche entera ha sido un juego de provocación: fotos en ropa interior, roces "accidentales" al pasar, mensajes picantes que la dejaron temblando. Ahora, con la polla enterrada hasta las pelotas, ella grita tan fuerte que el vecino de al lado golpea la pared, pero a ella no le importa. El coño succiona cada centímetro, los músculos apretados vibrando con cada gemido, hasta que él gruñe y descarga un chorro espeso que la llena entera. Ella se queda quieta un segundo, sintiendo el calor correrle por las piernas, antes de desplomarse de lado, jadeando. ByronGh se ríe, satisfecho, mientras ve cómo el semen le escapa entre los muslos. El vecino sigue maldiciendo al otro lado de la pared, pero a ellos ya no les importa.