Lexi Ward, la pelirroja viciosa, se entrega a una follada salvaje
—Ya no aguanto más, Jamie, necesito que me rompas el coño ahora mismo— le susurré al oído mientras le desabrochaba el pantalón con manos temblorosas. Llevábamos días mirándonos con esa tensión insoportable, robándonos caricias furtivas cada vez que nuestros cuerpos se rozaban por casualidad. La polla de Jamie era una maldita tentación, gruesa y palpitante, y yo ya no podía esperar más para sentirla dentro de mí. Me arrodillé frente a él y empecé a chupársela con desesperación, saboreando cada gota de su pre-cum mientras mis labios se estiraban al máximo para tragármela entera. Jamie gemía como un animal en celo, agarrándome del pelo y empujando mi cabeza hacia abajo hasta que casi me ahogaba con su verga. Pero no me importaba, porque mi coño ya estaba empapado, latiendo con cada embestida que le daba a mi boca. Cuando ya no pude más, lo empujé contra el sofá y me monté sobre él, clavándome su polla hasta las pelotas mientras rebotaba con fuerza. Mis tetas saltaban sin control, y los gemidos de Jamie se mezclaban con los míos, creando una sinfonía de lujuria. Luego me puse en cuatro patas, ofreciéndole mi culo perfecto para que me empotrara con toda su fuerza. Jamie no perdió tiempo y me penetró de una estocada, haciéndome gritar de placer mientras sus manos me agarraban las caderas con brutalidad. Cada embestida era más profunda que la anterior, y yo no podía evitar correrme una y otra vez, sintiendo cómo mi coño se contraía alrededor de su verga. Cuando ya no aguantó más, Jamie se corrió dentro de mí con un rugido, llenándome de su leche caliente mientras yo seguía temblando de placer. Al terminar, Jamie cayó exhausto a mi lado, con la respiración entrecortada y una sonrisa de satisfacción en el rostro.