Rubia ardiente cabalga polla gruesa en misión secreta
La maldita Lisey no podía aguantarse más, cada vez que el tipo pasaba frente a su casa con esa verga marcando el pantalón ajustado le entraban unas ganas locas de clavársela hasta ahogarla en su coño empapado. Hoy llevó el plan al límite: fingió necesitar ayuda con la reparación del tejado para que él subiera, y en cuanto cerró la puerta del altillo, se le tiró encima como una perra en celo, le arrancó la camisa de un tirón y empezó a lamerle los pezones mientras le sobaba el culo palpitante. Él no necesitó más incentivo, le desabrochó el vestido de un manotazo y la empujó contra el suelo de madera, donde su coño peludo y chorreante quedó al aire libre mientras ella gritaba que no parara de empotrarla. La rubia se subió a horcajadas sobre su polla descomunal, se la metió hasta el fondo con un gemido gutural y comenzó a cabalgarlo como una posesa, cada envestida le hacía rebotar los pechos enormes y el sonido húmedo de sus chochos al chocar llenaba el altillo. Él le agarró las caderas con fuerza bruta para clavarla más hondo, le ordenó que no se moviera mientras le comía la boca a besos profundos y le metía la lengua hasta la garganta, pero ella estaba fuera de sí, le exigió que le diera más fuerte y le escupió en la mano para frotarse el clítoris hinchado mientras su coño empapado en jugos resbalaba por toda la verga. Cuando el sudor les corría por la espalda y los gemidos se volvieron agónicos, él la volteó en cuatro patas, le agarró el pelo con fuerza y empezó a clavársela como un animal, cada empujón le hacía crujir las rodillas contra el suelo mientras su culo redondo se movía al compás de las embestidas brutales. Ella no pudo aguantar más, le suplicó que se corriera dentro mientras se masturbaba con desesperación, y en cuanto sintió la primera salpicada de leche caliente dentro de su coño, se dejó caer hacia adelante con un aullido de placer, temblando como un flan mientras él le seguía metiendo hasta el último chorro, dejándola completamente rendida y con las piernas temblorosas de tanto placer.