Tres calientes follan en secreto con riesgo de ser pillados
La habitación estaba en penumbra, con las cortinas apenas corridas para que no se filtrara la luz del pasillo. Chloe Delaure se mordía el labio mientras Liz Honey le bajaba el tanga con los dientes, dejando al descubierto su coño ya mojado de anticipación. Mike Angelo, con su polla enorme lista, se acercó por detrás y le dio una nalgada a Chloe que resonó en el silencio. Las chicas intercambiaban miradas cómplices, sabiendo que en cualquier momento alguien podía entrar: el marido de una, los vecinos del piso de abajo, incluso el portero. Chloe gimió ahogando el sonido en la almohada mientras Liz le metía dos dedos hasta el fondo, moviéndolos en círculos que la hacían retorcerse. Mike se colocó en posición de perrito y, sin avisar, le clavó la verga de una estocada que hizo temblar la cama. Chloe soltó un gemido ahogado, tapándose la boca con la mano mientras Liz se acercaba para chuparle los pezones duros. Los tres movían sus cuerpos al ritmo de los golpes secos de la carne, los jadeos contenidos, el crujir de las sábanas. Chloe sentía cómo la polla de Mike le rozaba el cuello del útero con cada embestida, mientras Liz le lamía el clítoris hinchado. De pronto, un ruido en el pasillo los paralizó: pasos acercándose. Chloe contuvo la respiración, pero Mike no se detuvo, empujando más fuerte, haciendo que el cuerpo de ella rebotara contra su pelvis. Liz, con los labios brillantes de saliva, se levantó para chuparle la polla a Mike, ayudando a que el ritmo no decayera. Chloe, con el coño palpitando, alcanzó el orgasmo justo cuando los pasos se alejaron, mordiendo la almohada para no gritar. Mike, con un gruñido, se corrió sobre el culo de Chloe, dejando su leche caliente resbalar entre sus nalgas. Liz, sin perder tiempo, se arrodilló para limpiar el semen con la lengua, mientras Chloe, exhausta pero sonriente, se dejaba caer sobre las sábanas revueltas.